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Lunes 14 de junio de 2021
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Opinión
Adolfo Miranda Sáenz
Lunes 17 de mayo de 2021
¿Votar por quién o no votar?
Los opositores nicaragüenses estamos ante el dilema de votar o no en las próximas elecciones, y en caso de votar, por quién hacerlo si se mantiene la división. Las elecciones no generan confianza con un Consejo Supremo Electoral integrado, casi en su totalidad, por personas afines o simpatizantes del gobierno. Por la falta de reformas a la Ley Electoral propuestas por sectores opositores para —precisamente— generar confianza. Por la incorporación de leyes nuevas que podrían impedir la inscripción de posibles candidatos de la oposición a diputados, presidente o vicepresidente. Por la falta de actualización del padrón electoral sin establecer ningún procedimiento para remediarlo (como sería un proceso de verificación previo a las elecciones). Por la ausencia de garantías de observación internacional aceptable para todos. Por otras razones, pero sobre todo por la actitud del gobierno cuyas acciones muestran desinterés en crear un ambiente que genere confianza.
Algunos opositores opinan que la oposición no debe participar en las próximas elecciones porque consideran que los sandinistas gobernantes ya tomaron la decisión de hacer fraude si las pierden. Consideran que participar sería prestarse a legitimar el fraude y por consiguiente darle legitimidad a la continuidad en el poder del actual gobierno sandinista que asumiría un nuevo período como ganador de unos comicios que habría perdido.
Pero hay otros opositores, igualmente respetables, que piensan que se debe participar. Afirman que abstenerse no ha producido hasta ahora ningún beneficio, sino más bien ha perjudicado a la oposición en varios aspectos, como en no mantener una buena organización beligerante y atractiva para la mayoría, causar desaliento, derrotismo, en el pueblo, perder la oportunidad de ocupar espacios políticos desde los cuales incidir (aunque sea solo con la voz, con la denuncia, con el testimonio) en la política nacional.
Afirman que participando no se legitimaría un posible fraude sino, al contrario, se tendría mayor autoridad para denunciarlo, porque protestar el resultado de una contienda tiene más valor y fuerza cuando lo hace quien participó, ganó y le fuera negada su victoria. Expresan que participando se pueden obtener pruebas y testimonios valiosos para demostrar lo sucedido. Que obteniendo una votación claramente mayoritaria y masiva a favor de una opción opositora democrática, un fraude sería tan evidente que por pocos que sean los observadores internacionales (por ejemplo, tan solo el cuerpo diplomático) ante el mundo quedaría absolutamente evidenciada una burda manipulación de votos. Agregan que, si de todas maneras se cree que el gobierno se mantendrá en el poder con su participación o sin ella, es preferible participar, pues así el pueblo, que tiene que organizarse para las elecciones, quedaría organizado y motivado para continuar la lucha cívica.
Nada está escrito en piedra y de aquí a noviembre muchas cosas pueden pasar, por lo que personalmente creo que la oposición debe prepararse para participar en las elecciones y si persiste la división apoyar al que tenga mayores posibilidades de ganar (usando el voto útil en lugar de desperdiciarlo). Los que afirman que denunciar un posible fraude tendría mayor valor si se participa, sin descartar —además— que pueda suceder cualquier cosa inesperada en el camino, tienen un buen argumento a su favor.
Aunque las circunstancias de hoy son diferentes a las de 1989, recordemos que entonces el tribunal y la organización electoral nacional, las leyes, las autoridades, los medios de comunicación… ¡todo era cien por ciento sandinista! Pero así doña Violeta ganó y tuvo que ser aceptado. Si el día de las elecciones hay una casilla opositora democrática con mayores posibilidades que otras para ganarles a los sandinistas, hay que darle el beneficio de la duda votando por esa casilla, aunque no se estuviera convencido de participar. Al fin y al cabo nada se perdería si los opositores votamos. En cambio, abstenerse y —peor aún— llamar a la abstención, en este caso sería favorecer al gobierno.
El autor es abogado y comentarista de temas políticos y religiosos.
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com
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